Cuando tu niño no quiere dormir en su cama

Muchos niños se levantan en la mitad de la noche, y van a la cama de sus padres, ¿qué debemos hacer en estas situaciones?

¿Por qué los hijos tienen la necesidad de ir a la cama de sus padres?
No hay lugar más seductor para un niño que la cama de sus padres. Es como un imán. El lugar donde se sienten más cálidamente protegidos. Por eso es tan frecuente que vayan a la cama y no es necesario que pasen cosas muy graves para que lo hagan. La cama de los padres es un lugar tan seductor que genera un hábito, pero peligroso. Los hábitos relacionados al sueño son difíciles de dejar. Por eso, lo primero que hay que hacer es delimitar muy bien el tema de las camas. Hay que transmitirles a los niños que las camas son lugares privados. Él tiene la suya y sus padres otra; son mundos separados. Entender esto va a ayudar al niño a crecer más independiente y autónomo.

Hay días en que se pueden hacer excepciones, es bueno un poco de flexibilidad. Los padres pueden establecer que los domingos de mañana, por ejemplo, sea la fiesta de estar en la cama de los padres, y eso está bien.

¿Cuándo se convierte en un problema?
Problema es si el niño se quiere pasar a la cama de los padres todos los días. En ese caso algo no está funcionando bien. Muchas veces lo que sucede es que los padres, un poco por comodidad y otro poco por hábito, lo duermen en la cama matrimonial y después lo llevan a su cama cuando está dormido. Cuando el niño, a lo largo de la noche, en una de las múltiples veces que se despierta se da cuenta de que no está donde estaba cuando se durmió, que está solo, se despierta del todo y vuelve a donde estaba. Por tanto, una primera medida es hacer que el niño se duerma siempre en su cama. Allí, el padre o la madre pueden acompañarlo un rato, leerle un cuento, hablar con él, pero no pueden dejar que el niño se duerma en la cama de ellos.

¿Qué pasa si luego de dormirse en su cuarto el niño se escabulle al cuarto de los padres?
Lo primero en lo que hay que fijarse es el porqué se despierta. Lo normal sería que no se despierte durante la noche. Si se despierta porque tiene miedo, hay que plantearse qué hacer con esos miedos. Tenemos que enfocarnos en tratar de ahuyentar el miedo y darle recursos para que sienta que puede enfrentarse a sus miedos él solo. Si lo que ocurre es que va a la cama de los padres por hábito, entonces hay que deshabituarlo. La mala noticia es que eso da trabajo. Y además, los padres de noche, con sueño y cansados, a veces claudican con más facilidad. A los padres les diría que si quieren hacer un plan para lograr que el niño no vaya más a la cama de ellos no lo empiecen si no van a poderlo sostenerlo. Porque si lo sostienen un rato y claudican es ir cincuenta casilleros para atrás. Si van a hacer lo debe ser hasta las últimas consecuencias.

¿Cómo hacerlo?
Hay que decirle al niño que no puede ir a la cama de los padres hasta que sea de día, por ejemplo. Darle una clave para que entienda. Por ejemplo, se puede hablar con él y explicarle que cada noche que no vaya a la cama de los padres se va a poner un pegotín o se va a anotar en una cartulina el acontecimiento. Y van a festejar con algo que sea muy gratificante y divertido, algo que él no pueda conseguir de otra manera. Es importante darle recursos para que se aguante las ganas. Los padres tienen que anticiparle que, tal vez, se despierte con ganas de ir, pero que puede aguantárselas poniendo música por ejemplo. Transmitirles tranquilidad, explicarles que el hecho de despertarse de noche no significa nada; es una señal de que uno necesita volver a dormirse y que no pasa más nada. Todo está en orden. Con el estímulo y la motivación de que al otro día se va a celebrar puede ser más fácil para el niño pasar la noche. Si no se logra de arranque, y el niño vuelve a presentarse en el cuarto de los padres, hay que hablar con él, decirle que vuelva a su cama y que deben seguir practicando. Los padres deben mantenerse firmes, pero no enojarse. Hay que transmitirle tranquilidad y firmeza. Los padres deben estar decididos y tienen que saber que si es necesario van a tener que levantarse sin enojo algunas veces para devolver al niño al cuarto una y otra vez, hasta que el hábito, finalmente, se rompa.

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